mostrando la delicia que los de afuera juran posee su dueño.
Mientras la voz
oculta, secreta, fiel y conocedora del jardín
se quita el velo con un grito
(sin nudos)
y va, y dice y maldice:
ando perdida en algún sueño sin rosas, ni claveles, ni al menos margaritas.
Gato negro, bienvenido, eres una superstición real.
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